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Las granjas naturales de las islas: resiliencia insular.

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Durante estos días que estamos viviendo, han crecido en las mentes de las personas del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, así como en el mundo entero, reflexiones sobre los asuntos que realmente son cruciales para nuestras vidas y bienestar.

Las necesidades básicas para la vida y el bienestar toman el papel que se merecen en la conciencia global y local: la salud, alimentación y servicios básicos, son protagónicos. En el territorio insular donde la mayoría de los alimentos y combustibles son ahora importados del continente (cerca del 90% se traen ya sea Cartagena, Centro América o Norte América), los mecanismos de producción local toman mayor importancia, sobre todo en escenarios donde el transporte puede verse afectado por restricciones por mal tiempo en el mar o temas de salud pública como el COVID 19.

Y más allá de preguntas ante escenarios hipotéticos como ¿Qué pasaría si las embarcaciones no pueden zarpar y traer alimentos y/o combustibles a las islas?, lo cual puede generar cierta inquietud e incertidumbre, resulta productivo pensar en ¿Qué cosas son importantes fortalecer y cómo podemos ser más resilientes bajo estas posibles circunstancias? con el fin de invertir más en ese tipo de soluciones y estar mejor preparados.

Tanto para el tema energético como para el de la producción de alimentos la respuesta es diversificar las formas de producción, claramente la generación local de energía se puede fortalecer aprovechando fuentes de energía como el sol y el viento, volviendo al Archipiélago más auto sostenible y resiliente.

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Muchas familias en estos días probablemente se han abastecido y en los congeladores guardan recursos valiosos para el bienestar, así mismo sería muy importante contar con un sistema de producción de energía solar o eólica que al menos garantice que esos congeladores puedan seguir funcionado incluso si el sistema central de energía llega a faltar temporalmente.

Yendo aún más profundo en nuestro bienestar más básico y necesario, volvemos a la necesidad primordial más importante, la producción de alimentos y el agua. Respecto al recurso hídrico se pueden mencionar varios mecanismos como la protección y manejo sostenible de los acuíferos y la disminución de la presión sobre el recurso por el sector turismo, con un uso más responsable e instalación de soluciones como plantas desalinizadoras de bajo impacto ambiental.

En cuanto a la producción local de alimentos, resulta necesario recuperar el conocimiento tradicional y ancestral de los agricultores raizales y enriquecer esos conocimientos con técnicas innovadoras de cultivo con mínimo consumo de agua dulce, fomentando la producción sostenible de frutas y verduras a escala local avivando también el intercambio comunitario de productos, la solidaridad y cooperación.

Si bien surgen varios temas más y posibles alternativas de solución, cabe resaltar la importancia de la producción local de alimentos basada en nuestro mar, donde la pesca artesanal es y ha sido protagonista y tal vez la principal fuente de proteína de las islas desde tiempos ancestrales.

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Ya sea con Reel, trolling, línea de mano o arpón, bajo condiciones normales, el mar ha sido fuente clave para el bienestar, alimentación y economía en el Archipiélago. Más aún bajo escenarios donde se disminuye o se interrumpe el flujo de alimentos desde el exterior, la pesca resulta ser crucial. Y es ahí donde poder tener un mar sano y productivo es clave, por esto la base para nuestro propio bienestar y supervivencia la aporta el mar y sus ecosistemas: arrecifes de coral, manglares, pastos marinos, ecosistemas de profundidad y mar abierto.

Los corales conocidos en ocasiones como ‘piedras’ son animales vivos que forman estructuras 3D de diferentes formas y tamaños acumulando Carbonato de Calcio que es el mismo material de nuestros huesos, estas estructuras sirven de refugio para peces como pargos, jureles, chernas y loros, que los protegen de depredadores como barracudas y tiburones y que además albergan peces más pequeños que sirven de alimento o que son juveniles de estas especies que al crecer pueden ser consumidos por las personas.

Según estudios realizados en el Archipiélago por la Universidad Nacional, Sede Caribe, en sitios donde hay más corales que aportan mayor complejidad 3D (complejidad topográfica), se encuentra más cantidad de peces (abundancia) y mayor biomasa (peso de pescado vivo). Así mismo, publicaciones como las realizadas por Rogers y colaboradores (2014), investigadores de la Universidad de Queensland (Australia) y Exeter (Reino Unido), demuestran que en zonas protegidas en las Bahamas con mayor complejidad 3D arrecifal, hay también mayor abundancia y biomasa de peces. Esto significa mayor cantidad de alimento que se puede obtener por la pesca gracias a corales en buen estado. Ellos igualmente predijeron que una pérdida de complejidad arrecifal podría causar una reducción de más del triple en la productividad pesquera.

Por estas razones, resulta razonable entender que invertir en fortalecer y proteger los arrecifes coralinos en el Archipiélago, es invertir en nuestro propio bienestar y en la capacidad de las personas del Archipiélago para obtener su propio alimento del mar, como quien invierte en su cultivo o en su finca para poder comer y vender los productos (sin incurrir en la sobrepesca).

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En síntesis, todos podemos contribuir a invertir en esta ‘granja’ natural común que ofrecen los ecosistemas marinos y que aporta beneficios para todos. Invertir en fortalecer y cuidar nuestros arrecifes, manglares, pastos marinos y territorio marítimo, es clave para la supervivencia y bienestar en el Archipiélago y para ser más resilientes frente a desafíos como las contingencias por COVID19 y el cambio climático, entre otras.

(*) Julián Prato Valderrama: Biólogo Marino MSc, Estudiante doctorado Universidad Nacional, Sede Caribe, San Andrés. Joven investigador CEMarin.

Última actualización ( Lunes, 13 de Abril de 2020 16:33 )  

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