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Pandemia y futuro en las islas

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Independientemente de lo que pueda ocurrir con la pandemia en el Archipiélago, hay una cosa cierta y es que el turismo, que era su base económica, ha colapsado y tardará en recuperarse. Así que es urgente pensar de qué y cómo se va a vivir. Para contribuir a ello proponemos el análisis de un aspecto muy básico: el relacionado con la pesca y las actividades agropecuarias como actividades alternativas, fundamentales para mantener la seguridad alimentaria y el bienestar de todos.

En este momento, después de la salud, lo más importante es el abastecimiento básico de alimentos, la seguridad alimentaria, que ya se empieza a ver afectada por el incremento de los costos de los productos. Sin turismo y, por lo tanto, sin ingresos monetarios, ¿cómo podrán mantenerse los habitantes de estas pequeñas islas? Podría esperarse que el Estado provea, pero esta es una opción incierta y limitada, así que es urgente pensar en alternativas. Las islas tienen en este campo una relativa ventaja y es que la pesca, incluidas las de caracol y langosta, ofrece un suministro básico de comida de alta calidad y, siempre y cuando se manejen con el debido cuidado, en cantidades adecuadas.

Esto abre varias opciones, pero ante todo plantea la necesidad de asegurar que estos recursos no se agoten, sirvan ante todo al Archipiélago y dejen de ser extraídos con destino a otras partes. Así que una medida importante es definir formas de manejo y regulación de la pesca, para garantizar tanto su disponibilidad como su sostenibilidad. Porque cuando la pesca sea una de las pocas fuentes de ingresos de las islas, podría también darse el caso, ya existente, de que se sobreexploten los recursos, en detrimento de su sostenibilidad.

Así que hay que pensar en que el recurso debe reservarse para los habitantes del Archipiélago, a través de la pesca artesanal, que podrá abastecerlo y generar algunos excedentes monetarios. Lo que no se puede permitir de ninguna manera es que el 80% de la cuota pesquera sea para pesqueros industriales que ni abastecen a las islas ni dejan sus ingresos en ellas; si algo se ha de exportar, que los ingresos sean para los isleños necesitados de ellos. Quizá esta sea la oportunidad, ya planteada por diversos actores en distintos escenarios, de convertir al Archipiélago en un territorio exclusivo de pesca artesanal, y acabar de una vez por todas con la pesca industrial, una actividad que, desde su base, va en contravía con el modelo de desarrollo sostenible que plantea la Reserva de Biosfera, un modelo que se requiere como nunca poner en práctica. Así que es urgente reglamentar la pesca y asegurarse de que sea para beneficio local; no nos podemos dar el lujo de sobrexplotarla y menos de hacerlo en provecho ajeno.

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Otro renglón urgente es el de la producción de alimentos que complementen de manera adecuada la alimentación. Las islas son en estos momentos muy dependientes de las importaciones de comida, por lo cual hay que pensar seriamente en orientarse a algo lo más parecido posible a un autoabastecimiento, por razones ya expuestas, pero que vale repetir: no podemos quedarnos esperando que la comida llegue de otra parte, sobre todo si no hay con que pagarla. Así que tenemos que producir comida y por fortuna podemos hacerlo. De hecho, ya se produce gran cantidad en las islas, tanto San Andrés como Providencia y Santa Catalina; pero necesitamos producir más.

Una primera medida es garantizar y proteger la que ya se produce, sobre todo en los patios (yards) de las casas, muchos de ellos verdaderos huertos frutales. En Providencia estamos esperando una enorme cosecha de mangos que de seguro ayudará mucho al abastecimiento familiar; en San Andrés los árboles de fruta de pan también producen en grandes cantidades y casi continuamente. Pero esto no basta; es necesario desarrollar un programa de seguridad alimentaria que se preocupe de cuidar estas y otras especies vegetales y animales y garantizar su productividad. Quienes tengan ya algo productivo deben cuidarlo y, quienes tengan donde, deben sembrar nuevas plantas alimenticias. La llamada agricultura urbana también debe estimularse. No deja de ser un problema el agua, tan escasa en estos meses, pero para ella también es posible pensar soluciones.

Hay varias especies que deben cuidarse: los cocos, necesarios también para obtener aceite de cocina, de los cuales deberían sembrarse más; los diferentes frutales que hay que cuidar y multiplicar: tamarindo, guayaba, ciruelas y, podría decirse en especial, aguacates, papayas y guanábanas; animales domésticos, como vacas, cerdos y gallinas, que ya se crían y consumen; y silvestres como el cangrejo, la iguana, el hikiti, y las tortugas marinas. En el caso del cangrejo y las tortugas es posible adelantar acciones muy concretas de recuperación y repoblamiento, ya identificadas y que se facilitan en este momento de necesidad; con las acciones debidas, que deberán ejecutarse con conocimiento e implementarse con rapidez, podremos no solo contribuir a resolver el problema alimentario previsible, sino volver a comer cangrejos, tortugas e iguanas sin remordimientos de conciencia.

Recordemos que estas especies han sido parte histórica de la mesa de algunos, pero bien manejados, y esto es clave, pueden contribuir a la alimentación de muchos. Con ello también se recuperan productos que han sido parte del sistema agroalimentario del pueblo Raizal, hoy debilitado, pero no extinto, que pueden garantizar una buena provisión de alimento de alta calidad, al tiempo que contribuyen a la diversidad. Un buen ejemplo de ello es el guandú o gungú, fácil de cultivar y que puede garantizar un abastecimiento satisfactorio de proteína vegetal de alta calidad; en Providencia ya están sembrando.

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Se requiere, reiteramos, un gran proyecto de seguridad alimentaria que se ocupe de estas y otras muchas cosas, como el mercadeo, con base en una planificación cuidadosa a partir del diálogo de saberes entre el conocimiento local y tradicional que poseen nuestros pescadores y agricultores y el científico y técnico. Este proyecto generaría oportunidades de empleo para muchos que lo están perdiendo en esta crisis, y rescataría, antes de que desaparezcan, conocimientos y prácticas para producir comida que aún conservan muchos de nuestros pobladores.

Con esto Providencia y Santa Catalina podrían tener seguridad y soberanía alimentaria y prepararse para ser, cuando el turismo se recupere, proveedoras autosuficientes que, además, envíen sus excedentes a San Andrés y a otras regiones, tal como ya lo hicieron hace más de cincuenta años. Con nuevas tecnologías y nuevos conocimientos, en diálogo con los conocimientos y prácticas ancestrales, es posible plantear un modelo sostenible que garantice unos mínimos de bienestar para los habitantes de las islas. A San Andrés quizá le sea más difícil autoabastecerse, por su gran población, pero sin duda podría mitigar su dependencia e incluso autoabastecerse por la baja de la demanda turística y en el caso, no improbable, de que muchos de sus actuales habitantes decidan abandonarla ante la falta temporal de oportunidades.

Además, un proyecto de seguridad y desarrollo alimentario debería adelantarse aún en el caso muy poco probable de que no suceda nada, para lograr cambios que permitan que la recuperación no se limite a un retorno al modelo preexistente, que tampoco era adecuado ni es deseable. Además, porque este también debe ser el momento de entender la importancia de una economía diversificada, que no depende de una sola cosa (el turismo), sino que, al tener múltiples entradas, es capaz de adaptarse con mayor facilidad a situaciones de crisis. Y que la seguridad y la soberanía alimentaria son fundamentales, porque es la única manera de garantizar que podremos mantenernos con bienestar, incluso en las circunstancias más adversas. Es el momento de reorientarnos hacia el modelo de Reserva de Biosfera, un ejemplo de convivencia de la sociedad con la naturaleza.

En las islas hay instituciones capaces de liderar un proyecto de esta naturaleza; estamos pensando, en especial, tanto en la Gobernación como en la Alcaldía, en Coralina, SENA, INFOTEP y en la Universidad Nacional, Sede Caribe. Y en las islas existen organizaciones locales y vivimos muchas personas, y nosotros nos incluimos en ese listado, que estamos en condiciones de prestar apoyo científico y técnico fundamentado en el conocimiento de las realidades locales; ojalá este potencial se aproveche para así generar empleo y mantener en las islas la experiencia que se adquiera.

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Además, no debe ser difícil, dadas las circunstancias, obtener los recursos necesarios, que no son excesivos, por ejemplo, a través de proyectos de regalías o de recursos propios, si se entiende la profunda importancia de lo que aquí se está señalando. Algo muy significativo es que debe empezarse pronto y actuar con rapidez, pues la producción agropecuaria y la recuperación de recursos pesqueros son procesos que toman tiempo, y la crisis ya está aquí.

Cabe pensar, por último, que opciones similares existen para las diversas partes del país y del mundo que hoy enfrentan el ataque de la actual pandemia, pero que además tendrán que estar preparados para estas y otras amenazas, como las derivadas del cambio climático. En la recomposición social y económica que le espera al mundo, seguir dependiendo de las exportaciones de comida es un riego que nuestras islas y nuestro país, que con la abundancia de recursos que poseen, no tienen que sufrir, pero si pueden, en cambio, aprovechar.

Las crisis representan problemas, pero también oportunidades, como se ha dicho más de una vez; las que aquí se plantean son algunas que creemos pertinentes porque, según la sabiduría popular, hay que esperar lo mejor, pero prepararse para lo peor. Lo peor incluye una situación alimentaria muy difícil, que podemos evitar. Dentro de lo mejor, podemos esperar seguir comiendo tan bien y aún mejor que antes y encontrar formas alternativas de vida, que garanticen nuestro bienestar.

[1] Fundación Sea, Land and Culture Old Providence Initiative

[2] Profesora, Universidad Nacional de Colombia, Sede Caribe

Última actualización ( Lunes, 06 de Abril de 2020 11:55 )  

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