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¿La hora de Joe Biden?

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Elecciones EE.UU.: Joe Biden asume el liderazgo demócrata

Si de algo sirvieron los cuatro días de convención del Partido Demócrata fue para despejar las dudas que aún persistían sobre el talante de Joe Biden como candidato a la presidencia de Estados Unidos. En efecto, la convención impulsó una campaña que interesa al mundo.

El septuagenario, segundo de la tripulación de la era de Barack Obama, y un aspirante madurado por décadas de servicio, quebró el imaginario creado en torno a su figura por el presidente Donald Trump y exhibió unas credenciales difíciles de superar en un momento crítico: la democracia estadounidense se siente amenazada, se sufre la peor depresión económica desde el crac de 1929, se viven las más duras protestas antirracistas en medio siglo, y el país sucumbe ante la peor pandemia en décadas, con alrededor de 175.000 muertos. A lo que se suma el inquietante caos geopolítico creado por la diplomacia antimultilateralista del cuatrienio que termina.

El hijo de un vendedor de autos de Pensilvania que desde los 29 años llegó al Senado demostró –en el que ya se considera el mejor discurso de su carrera– que no padece de ningún trastorno mental y que no entregará el país a la “izquierda internacional”, como la maquinaria republicana venía divulgando. Más aún, dejó ver su pasta de estadista a través de un discurso basado en principios, no en insultos, en el que se esbozaron las líneas de un programa sensato para reflotar la economía y en el que se declaró una guerra frontal contra el coronavirus.

Y era lo esperado: un mensaje como si el país estuviera en guerra, más allá de los partidos, apelando a la unión y la solidaridad necesarias para superar un bache histórico. Dar luz para dejar atrás lo que llamó “temporada de oscuridad”. “Elegiremos la esperanza sobre el miedo, los hechos sobre la ficción, la justicia sobre el privilegio”, apuntó en uno de los momentos estelares de la convención, en clara alusión a Trump. “El presidente todavía no tiene ningún plan. Yo lo tengo”.

Y como en esta convención, virtual y en un formato extraño por las restricciones del coronavirus, las imágenes dijeron más que las palabras, fue poderoso el cierre de Biden con la ahora candidata a la vicepresidencia, Kamala Harris, ambos con tapabocas. Como debe ser.

Harris, considerada por el grueso de los analistas la primera gran decisión acertada de Biden, encarna en sí misma el espíritu del ‘sueño americano’. Hija de inmigrantes –padre jamaicano, madre india tamil–, es abogada, llegó a fiscal, senadora por California, compitió en las primarias con un discurso fuerte y equilibrado, y ahora podría convertirse en la primera mujer y en la primera afroestadounidense en conquistar la vicepresidencia. Un desafío para la campaña rival, que ha tratado de minimizar el impacto de las manifestaciones por el asesinato de George Floyd a manos de la policía, y que incluso las ha exacerbado con su desdén.

La pregunta obligada es si Trump tendrá la capacidad de frenar el auspicioso impulso de Biden, que lo supera en todos los sondeos, y cuando tiene un complejo panorama al frente

Más allá de esas contingencias, la pregunta obligada es si Trump tendrá la capacidad de frenar el auspicioso impulso de Biden, que lo supera en todos los sondeos y cuya candidatura es percibida –dentro y fuera– como más competente para enfrentar los desafíos presentes. De momento tiene casi todo en contra: la economía desplomada, el empleo en mínimos, el liderazgo internacional por lo bajo, el coronavirus galopante, realidades a las que sus seguidores suelen ser refractarios. A propósito, uno de los más influyentes diarios de EE. UU., ‘The Washington Post’, anunció una inusual serie de editoriales para explicar el daño que ya ha causado y que vendría con un segundo periodo de Trump. ‘Nuestra democracia en peligro’, se llama.

El magnate tiene a su favor que este lunes se inicia la convención republicana, en la que podrá culpar a China, en horario estelar, de todas las desgracias, y un leve repunte de la intención de voto, que lo pone 7,5 puntos por debajo del demócrata en el promedio de Real Clear Politics. Además, ha desplegado una inédita campaña para desacreditar el sistema electoral al señalar un probable fraude, y en lo relacionado con el voto por correo, una tradición en EE. UU., pero que Trump ha venido poniendo en cuestión, hasta el punto de deslizar que cabría un aplazamiento de las elecciones, precisamente por las limitaciones que impone el covid-19 y porque será tal la avalancha de votos a domicilio que el sistema postal podría colapsar.

Esta elección, naturalmente, interesa al mundo. A la luz de la fotografía de los últimos días, la candidatura de Trump parece un avión fallando en vuelo. Pero, por lo que ha mostrado como mandatario y en su vida como empresario, ya debe de estar desplegando el más formidable paracaídas. El 3 de noviembre todo quedará claro. (Tomado de El Tiempo)

 

 

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