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elisleño.com - El diario de San Andrés y Providencia.

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Daysi y sus desgastados talones

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Súbitamente la pandemia vació las vías de la isla, se redujo el flujo vehicular que al calor del mediodía transportaba escolares, gente que regresaba a casa a toda prisa de sus trabajos para almorzar, y emergió la figura de Daysi González, con sus pertenencias en un bolso cargado sobre sus vencidos hombros. Así, sin rumbo fijo, deambulan los habitantes de la calle en San Andrés.

Irrumpió con su silencio exponiendo la realidad de los ‘habitantes de la calle’, en un paraíso de construcciones habitacionales, comerciales y hoteleras por doquier, pero donde no hay un solo lugar de paso para acoger una mujer como ella: sola, vulnerable, quebrada mentalmente por tantos años de penurias, víctima de la desidia y negligencia social en un tema al que no se le ha puesto el corazón en años.

Nadie sabe a qué vejaciones se enfrenta por las noches cuando todos los demás dormimos en la placidez de un hogar; ella ocupa, entre tanto, el sitio que dejó alguien más en las ruinas del Pink Coliseum o dormita en la rigidez de una silla en la estación de gasolina donde entre recuerdos y voces susurrantes va reposando su cuerpo cansado de tanto deambular.

Cuando llega la mañana se baña en una acometida de agua entre el matorral del derruido coliseo, ahí lava su ropa interior que luego extiende en el andén a vista de todos los transeúntes y se prepara para con su bolso en hombros salir a recorrer nuevamente las calles, en su delirio, mientras sabe que la espera un cafecito donde los muchachos de la gasolinera.

Familia en Soledad

Su padre Raúl Gonzáles, adulto mayor que vive en Soledad (Atlántico), lo sabe y entre la impotencia y el dolor de no poder hacer por su hija a la que no ha vuelto a ver en casi tres décadas, desde que llegó a la isla, enfrenta sus propias penurias luego de perder en este aciago año 2020 a su madre de 106 años un mes después que a su esposa y sobrevivir personalmente a la batalla contra el Covid.

“Ella se fue hace como 30 años para la isla a trabajar en una casa de familia, después tuvo a su hijo al que fuimos a buscar porque nos dijeron que ella estaba viviendo mal y desde hace como unos siete años amigos míos que viven allá me dijeron que ella empezó a enfermarse y desde entonces hemos querido traerla, pero las cosas se complican por el dinero”, comentó González.

Y eso hubiera querido también la madre de Daysi, comenta don Raúl, al que se le remueven viejas heridas al tratar de entender qué llevó a su hija por el tormentoso camino de la esquizofrenia, camino en el que rompió varios corazones entre los que probablemente se encuentren otros dos hijos que tuvo, pero es que ella no habita más en su mente.

“Daysi tiene 49 años, la ruptura de ella se basa en su enfermedad que no fue tratada, no tuvo seguimiento y quedó sola en la calle desde hace año y medio”, comentó Kelly de Oro, coordinadora del programa ‘Habitante de calle’, de la Secretaría de Desarrollo Social de la Gobernación Departamental.

De hecho, algunas de estos funcionarios tienen años trabajando con las uñas, tratando de dejar bien parada a la Administración Departamental, que en décadas ha pasado por alto invertir en centros de paso o días, incluso no hay albergues para niños y niñas que se encuentran por rebeldía en situación de calle, como tampoco se ha invertido en un centro especial para personas con discapacidad, se ha pasado por alto la atención integral a estas y otras poblaciones en vulnerabilidad.

De tanta insistencia por la condición de Daysi, la coordinadora de este programa oficial ha realizado gestiones para brindarle atención médica hasta con recursos propios, pero también apoyada por contratitas de otros programas de la misma Secretaría, la proveen de kits de bioseguridad para protegerla del Covid, ropa y, en algunas ocasiones, le llevan comida.

Para su traslado a su ciudad de origen, donde al menos tendrá a sus familiares como dolientes directos, De Oro, toca puertas de otras entidades y también han pensado en una colecta para mandarla en un vuelo comercial de regreso a los brazos de su padre, que la espera con cariño, pero conjetura que tal vez no le dará la mala noticia cuando pregunte por madre.

En su cotidianidad Daysi se ha portado agresiva con algunas personas, pero cuando la abordamos para realizar esta crónica fue cariñosa y en extremo respetuosa, nos dijo que estaba bien, que no le falta la comida que le llevan algunas personas y nos enseñó sus nuevas sandalias que le dejan expuestos sus desgastados talones.

Última actualización ( Domingo, 04 de Octubre de 2020 16:01 )  

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