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elisleño.com - El diario de San Andrés y Providencia.

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Sopa y Seco

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JORGE.SANCHEZ.NUEVASi en las tres islas mayores del Departamento de San Andrés, Providencia y Santa Catalina se comprendiera y aplicaran las políticas de preservación y conservación de la porción, tanto en tierra firme como oceánica, que corresponde a la Reserva de Biosfera Seaflower, este archipiélago estuviese realizando gran aporte a las esperanzas de vida en el planeta tierra.

Aporte que se hace necesario considerando que se continúa desapareciendo el mundo natural a un ritmo sin precedentes, es cuestión de pensar que 50 países en conjunto albergan el 28% de la biodiversidad terrestre mundial.

La comunidad científica marca un camino a seguir para prevenir la crisis de extinción masiva, en la cual es importante adoptar una asociación plena con comunidades indígenas, líderes eficaces en la gestión de la tierra y los océanos.

Si aterrizamos estos axiomas en el archipiélago veremos que, de preservación de biodiversidad, a pesar del impacto ambiental recibido, las islas menores del archipiélago son las que tendrían la posibilidad de ser exponentes de preservación de vida, como se postula.

Simple, cuando se habla de preservación, sea ambiental o cultural, las islas de Providencia y Santa Catalina le dan ‘sopa y seco’ a San Andrés, la capital del departamento. La prueba está en la claridad con que los pobladores de estas dos islas debaten y sostienen la posición de progresar con sostenibilidad ambiental y social.

Y es obvio, el esquema de ‘progreso’ que ha demostrado su hermano mayor (en territorio), San Andrés, es insostenible, no solo por la sobrepoblación, sino por la ausencia de tres conceptos básicos: qué tenemos, qué queremos y qué debemos hacer para lograrlo.

A estas alturas de la vida turística de San Andrés, la relación de infraestructura, calidad del servicio y el destino final de las utilidades del turismo son contradictorias entre sí.

San Andrés no ha aceptado el reto de posicionarse como destino turístico de vanguardia. Y no podrá hacerlo mientras la infraestructura sea insuficiente: por lo tanto, continuar en la mediocridad ha sido el camino más fácil.

Camino que con cada paso lleva la leyenda de "a San Andrés no vuelvo" que para la muestra un botón: la esquina más concurrida al final, o inicio del pathway.

Siguiendo el sendero, a un lado la hermosa playa de palmeras ondulantes y colorido mar mientras se escuchan cientos de propuestas informales con toda clase de ofertas. Peor aún, cuando quien la visita está sola.

Si nos adentramos a estadísticas, se ha experimentado el insostenible impacto del millón de visitantes/año y a pesar de esto, la disponibilidad de camas supera los dos millones durante el mismo periodo.

Así es: ‘sopa y seco’ para ser coloquial, nos dan Providencia y Santa Catalina cuando tienen claro cuántos visitantes, de dónde vienen, qué propuesta de alojamiento usan, qué servicios contratan; un poco más y sabrán cómo se distribuye el gasto turístico entre los diferentes tejidos sociales para la toma de decisiones de fondo.

Más de sesenta años de turismo sin brújula, seis décadas de separación entre los raizales y el sector más productivo. Más de medio siglo de desplazamiento, de impacto cultural, social, económico y ambiental.

Pues sí, llegará el día en que se agradezca un plato de sopa y seco.

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*Miembro fundador de la ONG Help 2 Oceans Org

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.

 

 

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