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Seaflower Recargado (Parte II)

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GERMAN.MARQUEZ2Continúo transcribiendo algunas de las ideas expuestas en un artículo publicado hace ya algunos años, pero que adquieren nueva vigencia en medio de la delicada situación creada por la pandemia y los huracanes. Es una propuesta que apunta en lo fundamental a un modelo alternativo al desarrollo insostenible por el que veníamos, con base en la valoración de la Reserva de Biosfera Seaflower y sus bienes y servicios culturales, históricos y ambientales.

“La idea es convocar ayuda de la gente y de organizaciones y empresas interesadas en la naturaleza, la cultura y los derechos sociales, para que contribuyan voluntariamente a un fondo para la Reserva de Biosfera Seaflower. Puede ser desde un dólar aportado de más por un turista (antes de la pandemia hubieran sido más de un millón de dólares), la contribución de una empresa o de un filántropo, el aporte de los mismos habitantes del Archipiélago.

Y, claro está, el aporte de los inversionistas ya establecidos en las islas, de las líneas aéreas, las cadenas hoteleras... comerciantes, supermercados, distribuidores de gasolina, negocios de toda índole. Es decir, de todos los que obtienen beneficios de las islas y deberían ser los primeros interesados en su conservación. Están por supuesto los recursos que el estado tiene obligación de invertir en el desarrollo del Archipiélago, además de los que podrían exigírsele a través de mecanismos de justicia retributiva por los errores cometidos en el pasado, como la creación del Puerto Libre y el fallo de La Haya”.

Por supuesto se puede contar con el pago por la tarjeta de turismo y quizá con una especie de IVA local o al menos un impuesto pequeño a servicios turístico, destinado expresamente a invertir en el cuidado de la Reserva de Biosfera Seaflower, esto es el soporte mismo de la sociedad y su economía. Si se cobrara un 10% más por noche el impacto en el precio sería mínimo (de hecho, las islas son quizá el sitio más barato del Caribe insular), pero tendría un gran efecto positivo.

“Otras fuentes de financiación posibles serían las compensaciones por intervenciones sobre ecosistemas en otras partes del país o del mundo, contempladas en la ley, o negociaciones alrededor del carbono guardado o no emitido, si se logran conservar los bosques y arrecifes de San Andrés, Providencia, Santa Catalina y los cayos; tenemos 2500 km2 de algunos de los más complejos arrecifes coralinos del Planeta donde está almacenada una enorme cantidad de carbono que se librará a la atmósfera y agravará el cambio climático, si los bosques y arrecifes se siguen deteriorando”.

A mediados de 2020, las islas Seychelles, muy afectadas también por el colapso de turismo, lograron negociar una gran rebaja en su deuda externa a cambio de convenios para la protección del mar y sus ecosistemas, que incluyen, como en el caso del archipiélago, arrecifes de coral.

“Este conjunto de acciones debería surgir de la convicción, por parte de todos, de que conservar el patrimonio excepcional del Archipiélago es también el mejor y más perdurable negocio que podemos hacer en él. A esto es lo que he llamado “Iniciativa Seaflower”, por la defensa de la Reserva de Biosfera, de su patrimonio natural y humano, de su belleza, pero sobre todo del futuro posible, que no tiene que ser el de unas islas agotadas por el modelo extractivista vigente.

El nombre ‘Iniciativa’ se pone por similitud con la Iniciativa Yasuní, una acción emprendida por indígenas ecuatorianos para conservar selva húmeda tropical muy biodiversa donde se encontró petróleo. La propuesta era dejar el petróleo en su sitio, si se compensaba el 50 por ciento de lo que dejaría el petróleo, pero conservando la selva y evitando el impacto del petróleo sobre el clima.

La Iniciativa Yasuní no alcanzó las metas propuestas, pero si recaudó varios cientos de millones de dólares. Cabe pensar que una Iniciativa Seaflower pueda tener éxito si se la gestiona adecuadamente. Su monto no es tan elevado, aunque sus consecuencias serían más profundas, pues los arrecifes de coral son tan complejos y biodiversos como las selvas húmedas, pero mucho más escasos, y por ello su conservación es más prioritaria. Por su parte, el patrimonio cultural del Archipiélago es aún más único y exclusivo; su desaparición significaría la extinción completa de una etnia y una cultura.

La posibilidad de impulsar la Iniciativa Seaflower recaería en nosotros mismos, a través de la Corporación Ambiental Coralina, entidad a cargo de la Reserva de Biosfera, que ha adelantado acciones importantes en su implementación y defensa, pero que puede dar un vigoroso paso más al frente.... Así mismo es función de la Gobernación…”.

En este momento están al frente de estas entidades personas que entienden la importancia de la Reserva de Biosfera; el actual director de Coralina jugó un papel clave en su inclusión en la ley 99 y en su declaratoria por Unesco. Ellos tienen en sus manos no solo la posibilidad sino la necesidad de hacer las cosas bien. Ojalá estas ideas puedan ayudarles en tal sentido.

“Todo ello con el apoyo del Gobierno central, donde muchos estamentos, como el Ministerio del Medio Ambiente, deben asumir su responsabilidad histórica y colaborar con la sociedad isleña en la construcción de un futuro posible, no extractivista, no depredador, no suicida. Donde el mar de los 7 colores persista, donde podamos volver a comer cherna, tortuga, caracol y cangrejo... Organizaciones ambientales internacionales podrían apoyar estas acciones y ayudar a recabar los fondos necesarios, así como a adelantar el debido control sobre el uso de los recursos”.

Un futuro que también podría ser para Colombia si propusiéramos una Iniciativa Colombia, tema sobre el cual volveremos.

"Colombia y las islas, en 2040, podrán ser… privilegiados modelos de sostenibilidad social, económica y natural, proveedoras de bienes y servicios ecosistémicos que para entonces serán cada vez más escasos y más necesarios. Un primer paso en este sentido sería experimentar la iniciativa en Providencia y Santa Catalina, cuyo tamaño, población y excepcionales valores naturales, culturales e históricos las hacen especialmente propicias para implementar el mencionado modelo de desarrollo sostenible. Para hacer de ellas un ejemplo para el país y para el mundo. Como ya se ha dicho, si esto no es posible en estas pequeñas islas afortunadas ¿qué se puede esperar en el resto de este enorme Planeta?”

El desastre de Iota podría ayudar, de manera bastante paradójica, a viabilizar esta iniciativa y otras sobre las cuales volveremos.

* Biólogo Marino, Investigador y Ambientalista. Catedrático de la Universidad Nacional de Colombia. Fundador de 'Sea, Land & Culture Old Providence Foundation (Prosealand)'.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.

 

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