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OSWALDO.SANCHEZEl 2 de octubre se conmemoró el Día Internacional de la no violencia, en memoria de Mahatma Gandhi, líder del movimiento de la Independencia de la India y pionero de la filosofía de la no violencia._Colombia, con sus 32 departamentos, es un país violento, lo dicen muchos, entre ellos el polítólogo e historiador santandereano Luis Pinilla Pinilla, en su obra: 'Violentos somos'.

Por ejemplo, a fines de septiembre, este periódico registraba las palabras de la Comandante de la Policía Nacional del Departamento durante ese fin de semana: uno de los capturados por herir gravemente a otro fue un menor de edad. También informó sobre la incautación de tres armas de fuego: dos pistolas y un revolver, este último hallado en poder de un menor de edad quien de acuerdo con el informe, al cruzarse con un vehículo de la SIJIN, procedió a disparar en contra de los policiales en servicio.

La psicóloga Shana Taylor Bush se adentra en el lúgubre mundo que llama “la violencia juvenil insular” y presenta a la comunidad (inútilmente, claro) un desgarrador cuadro digno de incluirse como uno de los círculos infernales del florentino Dante Alighieri. Nuestra profesional con su “perspectiva de la violencia juvenil insular” pretende “crear conciencia acerca de un problema que ha venido creciendo desde hace varios años y ahora, en medio de la pandemia por el covid-19, con todas las repercusiones que ha traído a nivel económico, social y psicológico para las personas, puede terminar convirtiéndose en un problema mucho más complejo de intervenir”.

Piensa la psicóloga que el origen de estos males está en “los diversos conflictos armados vividos en una región, de la debilidad institucional y de la ausencia de políticas incluyentes y equitativas”.

Descartando el conflicto armado, solo las otras dos causales están vigentes: la “debilidad” institucional y la voluntad política del gobierno. El problema está, como lo reconoce la psicóloga, en que “pasan los gobiernos sin realizar inversiones significativas a nivel social y en general, para mejorar las condiciones de vida de estas comunidades vulnerables, con intervenciones que tengan continuidad y estén articuladas a nivel interinstitucional para lograr resultados y un impacto positivo”; y como nadie se atreve a intervenir, la omisión queda impune, así los psicólogos y con ellos todos a quienes duela San Andrés, también “se quiebren”.

Nos recuerda Taylor Bush que “los padres y quienes ejerzan su rol son quienes deben asumir de forma activa la crianza y cuidado de sus hijos, tal y como lo estipula la ley 1098 del 2006”. Doctora, preguntamos: ¿están preparadas las familias para enfrentar esta responsabilidad? Esto responden nuestros beneméritos magistrados de la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia: sí, están preparados. Eso es lo que se afirma sin ambages en la Sentencia SC3535-2021 que autoriza el matrimonio con menores de 18 años: “[...] las personas entre esos rangos de edad [14-18] son dueñas de la decisión para unirse en matrimonio”.

Es decir, la corte afirma que a los 14 años se pueden asumir responsabilidades de ‘adultos’, adultos como ellos, ilustres magistrados, convirtiendo, de paso, la ley de infancia y adolescencia en un escampadero de irresponsabilidad. Claro que esta ley tampoco es que ayude mucho a la formación integral de los niños, pues para ella “Es obligación de la familia, de la sociedad y del Estado, formar a los niños, las niñas y los adolescentes en el ejercicio responsable de los derechos”, pero como carecen de obligaciones, querida Shana, no hay manera de parar este desangre.

No todo está perdido. Nuestra psicóloga columnista, presenta la “resiliencia” como la solución. Esta es definida como “el proceso de adaptarse bien a la adversidad, a un trauma, tragedia, amenaza, o fuentes de tensión significativas, como problemas familiares o de relaciones personales, problemas serios de salud o situaciones estresantes del trabajo o financieras”, según la American Professional Agency (APA) y que explica “por qué algunas personas, viviendo en condiciones de vulnerabilidad, no terminan en estas situaciones [de violencia]”.

Pero como la vida no es el arte de ‘soplar y hacer botellas’ (a menos que se pertenezca a una casta social especial) la resiliencia “Incluye conductas, pensamientos y acciones que pueden ser aprendidas y desarrolladas por cualquier persona”, advierte la APA. ¿Dónde van a prender nuestros jóvenes a ser resilientes si la mayoría de ellos provienen de familias rotas hace mucho, así vivan juntas; si al gobierno solo le da vitrina la reacción y no la prevención; si nuestros líderes (políticos o no) no sienten la necesidad de intervenir a fondo?

Solo queda la Escuela, claro, cuando los 'profes' sindicalistas la devuelvan a los niños, sus legítimos propietarios. Entre tanto no queda más que cerrar los ojos y con Francisco de Asís decir: “Señor, hazme un instrumento de tu paz...”.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.

 

Última actualización ( Sábado, 09 de Octubre de 2021 04:38 )  

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